Cambiar el alimento de un perro o un gato puede ser necesario en diferentes momentos de su vida, pero hacerlo de cualquier manera puede provocar molestias. Evitar algunos errores ayuda a que el cambio de alimentación de tu mascota sea más sencillo.
Pasar directamente de un alimento a otro puede favorecer molestias digestivas.
Siempre que sea posible, el cambio suele hacerse de forma progresiva, mezclando durante unos días el alimento habitual con el nuevo.
Cada mascota puede responder de una manera diferente.
Durante el cambio conviene observar:
Si tu mascota está sana, come bien y el alimento actual cubre sus necesidades, cambiar constantemente puede no aportar ningún beneficio.
Antes de modificar su alimentación, piensa cuál es el objetivo del cambio.
Acostumbrarse a un nuevo sabor, textura o composición puede necesitar tiempo.
La paciencia y una transición progresiva pueden hacer que la adaptación resulte mucho más cómoda.
Si necesitas cambiar su dieta por un problema de salud, alergias, sobrepeso u otra circunstancia concreta, sigue siempre las indicaciones de tu veterinario.